Me siento en frente a mi computadora, extiendo los brazos, acaricio el teclado y una vez mas me dejo caer hacia el mundo de los sin sentidos, las palabras hiladas sin reflexión. Abro un documento en Word, y las palabras pasan directamente sin mediación de tinta, desde algún lugar de mí - o ninguno - hasta éste espacio virtual blanco y vacío, que tampoco existe, por lo que ni si quiera están pasando de un lugar a otro, ni siquiera han empezado a existir nunca y nunca lo harán. Lo leerás, y tu cerebro asociará éstos símbolos virtuales con un significado que seguramente te enseñaron en el colegio, y en aquellos viajes, y que será mitad fruto de tu experiencia personal, mitad convenio social, y quizás tengas únicamente un 15% en común con lo que yo había imaginado pensar plasmar, y de esto quizás sólo quede un 7% por que el resto no lo he sabido transcribir y un 0,8% por toda la información que se perdió en el proceso. Que al final da igual, si sólo vas a entender el 0,3%, qué importa ser poeta o ser basura.
Adoro ese 0,3% y punto.


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